Buenos Aires 8 de Julio del 2012 HOMILIA EN LA OCASIÓN DEL FUNERAL DEL PATRIARCA ECUMENICO ATENAGORAS I EN EL 40º ANIVERSARIO DE SU TRANSITO A LA ETERNIDAD

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HOMILIA EN LA OCASIÓN DEL FUNERAL DEL PATRIARCA ECUMENICO ATENAGORAS I
EN EL 40º ANIVERSARIO DE SU TRANSITO A LA ETERNIDAD

Atenagoras I: de la controversia a la aquiescencia

Buenos Aires, 8 de julio de 2012

Es una realidad ampliamente reconocida a nivel internacional que la estrategia eclesiológica del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla durante el siglo XX -y sobre todo en la segunda mitad del siglo- invirtió revolucionaria y profundamente el orden y la tradición eclesial de la Iglesia Ortodoxa en su conjunto. Este fenómeno, que en sí mismo fue una iniciativa única, innovadora y pionera, desde muchas aristas de interpretación fue –y es hasta el dia de hoy- controvertida. Sin embargo, la controversia es parte de todo proceso innovativo y único; lo original y verdadero antes de ser establecido y consagrado como tal es algo dudoso –hasta sospechoso- y necesariamente controvertido.

El ideólogo, fundador y ejecutor principal de esta “sub-versión” de una política vetusta y ya sin frutos fue el Patriarca Ecuménico Atenágoras. De carácter férreo, ígneo y severo precedido y a la vez enraízado en una preclara dulzura natural, el Patriarca de la figura excelsa e impresionante, que evocaba conjuntamente la grandeza bizantina con la austeridad del desierto, fue una figura controvertida. La controversia siguió como una sombra al monje, al Obispo y al Patriarca desde su primigénea edad hasta su misma muerte. La controversia, sí; la exposición de dos o más puntos de vistas que se contraponen ante un mismo tópico; el debate; la disputa. Hasta el día de hoy la controversia sigue en algunos ámbitos como una funesta sombra la figura del sacro anciano.

Pero ¿por qué la controversia? creemos que fue natural que así fuera. El insensato descrédito primero, el apoyo quasi extemista por el otro dieron lugar a la controversia, a la polémica, a la disputa. El Patriarca con su “ultrajante” y honda percepción de la realidad comprendió que era necesario re-vertir y sub-vertir el entonces orden de las cosas a nivel eclesiástico. Esta política comenzó ya en los años 30’ como Arzobispo de Norte y Sudamérica y luego fue magnificada en su augusto Patriarcado.

Muchas veces la “sub-versión” eclesial del Patriarca Atenagoras ha sido identificada con la apertura. No es falsa la identificación, pero es incompleta desde nuestro punto de vista. El Patriarca no solamente hace una apertura hacia las hermanas Iglesias del Occidente entablando un diálogo de respeto y amor, sino que hace volver a la Ortodoxia a su más original actitud: el darse, el entregarse sin pedir nada a cambio. La actitud que adopta Atenagoras no es solamente abrirse hacia un diálogo teológico, sino de abrir las puertas de la Ortodoxia y de ofrecer y entregar sus tesoros a la Ecuméne, como antes lo hicieron los pescadores transformados en teólogos y apóstoles. Atenagoras abre aquello que permanecía cerrado; y no sólo eso: lo ofrece, lo entrega, pero no como los detractores de antaño y de hoy argumentan, en cuanto lo hacen traidor de la Tradición: todo lo contrario: el ofrecer, el darse, el entregarse, el abrir no es nada más ni nada menos que un movimiento inspirado por el Espíritu – πνευματοκίνητο- que a semejanza del movimiento trinitario de la creación y redención se revela, se da, se abre, se entrega para que todos puedan gozar de los beneficios salvíficos que ya no están más encerrados y codificados en las tinieblas de los pocos, sino que pueden llegar a ser el tesoro y la salvación de los muchos.

La sub-versión del entonces sistema es en realidad el retorno a la raíz y no una mera política modernista y anti-tradicionalista con objetivos ocultos; nada más errado que ello. Atenagoras se basa en la Tradición ortodoxa, en aquella más original e intensa; por ello lo original y lo turbulento de la acción; por ello la controversia.

Sin embargo, la personalidad, la enseñanza, el ejemplo y la obra del Patriarca Atenagoras naturalmente trascendieron el mecanismo de la natural y prematura controversia. La controversia dio paso a una natural, vertiginosa y global aceptación de la sub-versión – de la revolución- que ya se considera no como un proceso sospechoso y presionado, sino como el natural paso hacia otra dimensión de coexistencia de la Ortodoxia con el mundo occidental y oriental; y esto es así porque el Patriarca no solamente abrió y reveló y ofreció los tesoros de la Ortodoxía y del Patriarcado Ecuménico hacia el Occidente, sino hacia el Oriente.

Atenagoras no tiene límites: el único límite es Dios y su voluntad; es por ello que su accionar es realmente ecuménico; él encarna sin treguas y sin concesiones, libre y concientemente la posición que ocupa: es Patriarca Ecuménico no de facto o de iure, es de vita! El naturalemente es el Patriarca Ecuménico y da vida al título que lleva a través de una redimensión existencial del Primado de honor que le es conferido por Tradición y por obra y responsabilidad. El Patriarca no re-vende un producto manufacturado por otro; todo lo contrario: lo ha construido con sus propias manos, ha sufrido, ha vivido la experiencia dolorosa de la confección y así entrega a todos sin distinción un producto que es original y único: la Ortodoxía.

La controversia se va diluyendo pues la Verdad vence cada solapado intento de de-generarla; Atenagoras es el símbolo vivo de la Verdad, pues es un pionero y paladín de ella: Jesucristo muerto y resucitado! y nadie puede contra Aquel. Es por ello que la inicial revolución se va estableciendo como una suave y tierna tradición que se va fortaleciendo día a día hasta el presente. Subyace la figura del gran Patriarca, del visionario, del transgresor del incomprendido, del atacado, del impugnado, del injustamente juzgado; y luego del sabio, del interprete de los divinos designios, del santo y elegido por Dios, del Patriarca, del siervo de Dios, de aquel que fue y es reconocido por todos naturalmente como Ecuménico, de Atenagoras, el controvertido y aclamado por todos como el Gran Lider de la Ortodoxia Universal.

+ Tarasios Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires y Sudamérica