Mensaje Patriarcal del Indicto

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Prot. No. 718.

+BARTOLOME

POR LA MISERICORDIA DE DIOS

ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA

Y PATRIARCA ECUMENICO

A TODO EL PLEROMA DE LA IGLESIA

LA GRACIA Y LA PAZ DE NUESTRO SEÑOR, DIOS Y SALVADOR

JESUCRISTO

EL CREADOR Y CONSERVADOR DE TODA LA CREACION

Hermanos e hijos amados en el Señor,

Dios, que ha creado el universo y ha formado la tierra como la morada

perfecta del hombre, le dió el mandato y la posibilidad de multiplicarse, de habitarla, de dominarla y, con ella, a todos los animales y vegetales que existen en ella. (Gen. 1: 28).

El mundo que nos rodea fue concedido a nosotros por el Creador como un estadio de activación social, pero aún más como un estadio de santificación, para poder de esta manera heredar la creación renovada del siglo futuro. Esta posición teológica posee y vive desde siempre la Santa y Grande Iglesia de Cristo, por lo cual nuestra Humildad, se ha colocado, como ya es conocido, a la cabeza del esfuerzo ecológico que lleva a cabo nuestro sacratísimo trono ecuménico para la protección de nuestro planeta por nosotros -conciente o inconcientemente- dañado.

La diversidad biológica, que es producto de la omnisciencia divina, seguramente no fue dada a la autoridad del hombre sin control. La potestad sobre la tierra y sobre todas las cosas en ella por parte del hombre significa la consciente y lógica utilización y deleite de los dones ofrecidos, y de ninguna manera el vano y destructivo aprovechamiento, goce y aniquilación de sus recursos.

Sin embargo, y sobre todo en nuestros días, observamos una exagerada explotación de los recursos naturales, con la consecuente destrucción del equilibrio ambiental de los ecosistemas y, en más en general, de las condiciones ambientales, de manera que, los modos que Dios ha establecido para la supervivenvia del hombre sobre la tierra se hagan más adversos para él. Por ejemplo, como observamos todos, científicos, clérigos y políticos y, en general toda la humanidad, aumenta la temperatura de la atmósfera, se presentan violentos temporales, se

contaminan ecosistemas terrestres y marinos y, más generalmente, se altera, y en algunos casos se destruye por completo, la posibilidad de continuacion de la vida en determinadas regiones de la tierra.

 Contemplando y considerando de manera empírica los peligros para la humanidad que emanan del presente desarrollo de las condiciones ambientales, la Madre Iglesia ha establecido ya desde la época de nuestro bienaventurado predecesor el Patriarca Demetrio el 1ro de Septiembre de cada año como día de oración para el medio ambiente.

 No obstante, debemos aceptar que las causas de los indeseables cambios ambientales no son activadas por Dios, sino por los hombres y, consecuentemente, la exhortación y la plegaria de la Iglesia y nuestra hacia Dios, el Señor de los señores y Gobernante del orbe, para el mejoramiento de las codiciones ambientales es, substancialmente, un pedido de Metanoia de la humanidad por su pecado de destruir la tierra, en vez de disfrutarla con lógica y precaución a fin de perpetuar sus recursos.

 Orando y pidiendo a Dios la conservación de un medio ambiente conveniente para la vida en la tierra del hombre, esencialmente pedimos que Dios cambie el pensamiento de los poderosos de la tierra y los ilumine a fin de que no destruyan el ecosistema terrestre por razones de rédito económico y de interés pasajero.

 Esto, sin embargo, vale para todo hombre, pues cada uno de nosotros en la medida de sus posibilidades provoca pequeñas destrucciones ambientales, que son permitidas por su imprudencia.

 Consecuentemente, orando por el medio ambiente, oramos por el arrepentimiento de cada uno de nosotros, por su gran o pequeño aporte al deterioro o destrucción del medio ambiente, que vivimos conjuntamente como una sumatoria de intervenciones nocivas parciales a través de grandes y catastróficos fenómenos que se suceden en diferentes lugares y épocas.

Dirigiendo, pues, esta exhortación, plegaria e iniciativa desde el sacro centro de la Ortodoxía hacia toda la ecumene y hacia toda la humanidad, imploramos que el Señor que da todos los bienes, Quien nos regalara el paraíso terrenal a todos los que habitamos sobre el planeta tierra, hable cosas buenas a los corazones de todos los hombres, a fin de que respetemos el equilibrio ambiental, el cual Él en su omnisciencia y bondad nos ha concedido, para que también nosotros y las generaciones que vienen podamos disfrutar los dones de Dios con glorificaciones y agradecimientos.

De aquella Sabiduría, Paz y Potencia de Dios, que crea, sostiene y dirige su creación que desea su salvación en los tiempos postreros, pedimos que mantenga el medio ambiente siempre fructífero para el bienestar del hombre, y que conduzca fecundamente las buenas obras de las manos de nuestros prójimos que cooperan y trabajan para este fin, e invocamos su Gracia y su Infinita Misericordia sobre todos los hombres, aún más sobre los que respetan y protegen la creación.

Septiembre 1 de 2012

Bartolomé de Constantinopla

querido hermano en Cristo y ferviente suplicante ante el Señor