San Aquilas el Apóstol – San Justo

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El santo Aquila, era del Ponto, Asia Menor, era judío y fabricante de tiendas para el comercio. En el año 52 él y su esposa Priscilla estaban en Corinto donde se encontraba San Pablo. Ellos le ofrecieron hospitalidad al Apóstol permaneciendo con ellos durante muchos días, hasta él trabajo con ellos (Actos 18:2-3). Y habiendo creído en Cristo por San Pablo, ellos lo siguieron a partir de ese momento, trabajando juntos con él y sufriendo peligros por la predicación del Evangelio, como él mismo declara acerca de ellos en la Epístola a los Romanos, diciendo: ” Saluden a Priscila y a Aquila, mis compañeros de trabajo en Cristo Jesús. Por salvarme la vida, ellos arriesgaron la suya. Tanto yo como todas las iglesias de los gentiles les estamos agradecidos. ” (Rom. 16:3-4). Cuando y donde ellos reposaron es desconocido. San Justo El Santo era de origen romano y de profesión militar y se distinguía por su valor. En muchas batallas demostró un gran coraje, por estas cualidades era muy respetado, querido y honrado en particular por sus superiores. Por supuesto, después de cada batalla y viendo su capacidad era elevado en su rango militar. En una expedición contra los bárbaros, tuvo lugar una batalla, encontrándose las tropas en un gran peligro, la entrega y sacrificio de los soldados cristianos le salvaron de la muerte a San Justo, el cual admiró la conducta de los cristianos y les hizo saber de su deseó de ser cristiano, y le contestaron que solamente con fe en Cristo puede convertirse, y comenzaron a explicarle el Evangelio. El Santo al escuchar las enseñanzas entro en un conflicto interno, debido a su vieja religión de adorar ídolos. Pero una cierta noche mirando el cielo estrellado, observó una cruz luminosa, en la cual había una palabra a su alrededor “ Sígueme”. De hecho, San Justo, respondió inmediatamente a la llamada de Cristo, sin vacilaciones, no tuvo en cuenta ni gloria, ni su carrera militar, ni el buen pasar económico que tenia. San Lucas nos dice en (5:27-28) “Después de esto salió Jesús y se fijó en un recaudador de impuestos llamado Leví, sentado a la mesa donde cobraba. –Sígueme –le dijo Jesús. Y Leví se levantó, lo dejó todo y lo siguió”. Pero cuando se entero de la noticia el Tribuno Claudio, lo torturo con hierros calientes, y luego lo arrojaron al fuego donde entrego su alma a Dios.