DISCURSO CATEQUETICO SOBRE EL INICIO DE LA SANTA Y GRAN CUARESMA

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Prot. No. 138

DISCURSO CATEQUETICO

SOBRE EL INICIO DE LA SANTA Y GRAN CUARESMA

+BARTOLOME

PORLA MISERICORDIADEDIOS

ARZOBISPO DE CONSTANTINOPLA-NUEVA ROMA

Y PATRIARCA ECUMENICO

A TODALA PLENITUDDELA IGLESIA

QUELA GRACIAYLA PAZDELSALVADOR Y SEÑOR NUESTRO JESUCRISTO SEAN CON VOSOTROS,

Y DE NOSOTROS ORACION, BENDICION Y PERDON

 

“He aquí el tiempo bien recibido, he aquí ahora el día de la salvación”

(II Cor. 6, 2-3)

 Amados en Criso hermanos e hijos en el Señor,

 Nuestra Iglesia Ortodoxa, nos recomienda en este periodo a que concentremos nuestro interés en la verdadera metanoia –arrepentiemiento- , “el catalizador de todo pecado”, de acuerdo al Sacro Crisóstomo. La metanoia es el primer tema de la proclamación de nuestro Señor Jesucristo y la quinteaesencia de la enseñanza cristiana. Es la invitación diaria dela Iglesia a todos nosotros.

Sin embargo, muchos cristianos no hemos vivido realmente la metanoia. A veces la consideramos que no corresponde a cada uno de nosotros, pues no regresamos a nosotros mismos, no reaccionamos, y no nos damos cuenta de que hemos caído en algún pecado. Pero como enseña el experimentado de la vida espiritual Abbá Isaac el Sirio y exponen doctrinal y empíricamente la mayoría de los Padres de nuestra Iglesia “la metanoia es necesaria también para los perfectos”. Y esto pues la metanoia no es solamente la penitencia por nuestros pecados y la correspondiente decisión de no repetirlos, sino el cambio de nuestras percepciones sobre lo que es mejor, a fin de que sobrevenga un continuo mejoramiento de nuestras percepciones sobre Dios y sobre el mundo, aumento del amor y de la humildad, de la purificación y de la paz.

En este sentido, la metanoia es una dirección sin fin hacia la perfección de Dios, hacia la cual debemos tender y movernos continuamente. Ya que la perfección de Dios es infinita, nuestro camino hacia su semejanza es asimismo infinito e interminable.  Siempre hay un nivel de perfección superior a aquel en el que nos encontramos y, por ello, siempre debemos buscar nuestro progreso y transfiguración espiritual, como nos insta el Apóstol Pablo, quien ascendió hasta el tercer cielo y contempló los misterios indecibles:  “Por lo tanto, todos nosotros, que miramos la gloria del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (II Cor. 3, 18)

Cuánto más se purifica nuestro mundo interior, más se purifican nuestros ojos espirituales, y más claramente contemplamos nuestro ser y todas las cosas. Este cambio, este mejoramiento de la contemplación de las cosas del mundo y de nuestra situación espiritual, a su vez, recomienda más metanoia, es decir una nueva y renovada situación de nuestro espíritu, desde aquella en la cual nos encontrábamos hasta ahora. En este sentido, la metanoia es la condición básica del progreso espiritual y del suceso de la semejanza con Dios de nuestra existencia.

La metanoia, por su puesto, para que sea verdadera, debe ser acompañada por análogos frutos, especialmente por el perdón a nuestros prójimos y por las buenas obras hacia ellos. El movimiento de nuestros corazones que se produce por amor hacia el prójimo y que procura su aceptación y, dentro de lo posible, la cobertura de sus necesidades es el elemento básico de la sincera metanoia. El camino de la metanoia, por otra parte, es el reconocimiento y confesión de los pecados, el no ser resentidos, la oración ferviente y perfecta, la misericordia, la humildad, el amor hacia todos, la victoria del bien sobre el mal, la superación de la vanidad y de vanagloria.

“La diferencia entre el publicano y el fariseo” revela la lucha dentro del alma humana por la metanoia y nos llama a “rechazar la voz soberbia del fariseo y de querer imitar la pia oración del publicano”, orando intensamente con lágrimas: “Oh Dios purifícanos a nosotros pecadores y ten piedad de nosotros”.

El periodo que comienza de la Gran y Santa Cuaresma se ofrece, en medio de una extendida crisis económica mundial, como un oportunidad para la expresión de ayuda espiritual y material hacia el prójimo. De esta manera, obrando filantrópicamente y expresando materialmente nuestra transformación, desde la hasta ahora confrontación individualistra y farisaica de la vida hacia una más comunitaria, altruista y publicana, habremos realizado una gran y provechosa metanoia y cambio del modo de una percepción personalista y egoísta y habremos vivido la metanoia como una capital actitud de vida, a través de la transición desde el pecado del egocentrismo y de la vanidad a la virtud “imitando bien del publicano la humildad y la sabiduría”. 

Desde el Trono Patriarcal de Juán Crisóstomo, el proclamador y experimentado maestro de la metanoia, habiendo ya entrado en este salvador periodo de la purificación de nuestros corazones y espíritus, a fin de recibir la pasión, la cruz, la sepultura y la resurrección de Nuestro Señor, no solamente a través de símbolos y palabras, sino en la práctica y la experiencia, con aquel continuamente exhortamos y rogamos tambien nosotros, los ínfimos entre sus sucesores: “la metanoia es el ser renovados estando envejecidos por los pecados, y el ser liberados de la antigüedad haciéndonos nuevos…allá donde opera la plenitud de la Gracia.”

 He aquí, pues, hermanos e hijos, se abre ante nosotros un tiempo oportuno y bien recibido, el tiempo “de estar compungidos”, el estadio de la purificación y de la ascesis, a fin de que “antes de que se destruya el teatro, nos hagamos cargo de nuestra salvación”, en metanoia verdadera y de corazón, por quienes hemos pecado, hemos sido injustos, no hemos cuidado, hemos ignorado, tal como nos ha mandado el Señor, a fin de que habite en nosotros el que está en todos lados y llena todas las cosas, Cristo Dios, de acuerdo a su indecible misericordia, del cual su salvadora gracia sea con todos vosotros.

Santa y Gran Cuaresma 2014

B(artolomé) de Constantinopla

Ferviente suplicante hacia el Señor de todos vosotros