San Cipriano, Mártir y Santa Virgen Mártir Justina

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San Cipriano era un moble muy rico y filosofo de Cartagena de Libia, en los años del emperador Decio, se convirtió a la fe cristiana a los cuarenta años. Hasta ese instante había vivido como un pagano. Cuenta que después de su conversión, encontró la paz y la felicidad que siempre había deseado, pero que por diversas circunstancias no había podido alcanzarla. Y esta felicidad, entre otras cosas, la vio clara entregando su vida a los pobres del Evangelio. Es la gran constante en todos los santos. Tanto era el prestigio entre los fieles de Cartago que, dos años después de hacerse cristiano, lo eligieron obispo y jefe de la Iglesia africana. Llegó la persecución de Decio. Los mismos fieles, que tanto lo amaban, le aconsejaron que se escondiera. Y así salvo su vida momentáneamente. Si, porque poco tiempo después, vino la persecución de Valeriano y lo enviaron al destierro. Poco le duró. En seguida tuvo que presentarse en Cartago en donde murió en un día como hoy en el 257.