DOMINGO DE CONSUMIR QUESO

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Hemos llegado al último día antes de la Gran Cuaresma. No es causal el hecho que ayer día sábado, en vísperas de este día…

…Domingo de Consumir Queso, nuestra Iglesia conmemoró a todos los santos, que brillaron con su gran lucha espiritual y el ejercicio del ayuno, la oración y el arrepentimiento. Los santos son ejemplos que vamos seguir, nuestros guías en el difícil arte del ayuno y del esfuerzo espiritual. En la lucha pues que emprendemos mañana no estamos solos. Santo Tomás Etolo dice al respecto que la Gran Cuaresma de la Pascua es una escuela de arrepentimiento, en la cual debemos acudir todos para progresar en la virtud y en la santificación de nuestra alma. Dicho de otro modo, este período de ayuno antes de la Pascua es una singular oportunidad de recogimiento espiritual, de meditación y anabaptismo. En la entrada del período del ayuno, la Iglesia nos recuerda el pecado de Adán que se convirtió en pecado de todo el género humano. Adán des-obedeció el mandamiento de Dios que era mandamiento de ayuno. La Iglesia nos ayuda, con la lectura evangélica de hoy a profundizar y a comprender bien el sentido del verdadero ayuno. Hoy, muchos de nosotros recortamos y armamos el mensaje del evan-gelio a nuestra medida y hasta el límite de verse afectado nuestro egoísmo y nuestros intereses, con el triste resultado de haber creado un evangelio humano propio que, como tal, no nos puede ayudar a salvar nuestro ser can-sado psíquica y espiritualmente. El auténtico ayuno es ejercicio de amor y de todas las virtudes que hallamos en el evangelio. Hago ayuno, significa tengo hambre, permanezco en ayuno, ejerzo la continencia corporal y el hambre, como medio de bús-queda de Dios en mi vida. El ayuno tiene carácter claramente pedagógico, no el fin en sí mismo, sino un medio auxiliar que nos conduce al logro del único y singular fin que es la unión, la comunión con Dios y nuestra redención del pecado y de la muerte espiritual. Con el ayuno agradable, el ser humano se pone en comunión y comu-nicación incesante con Dios. El verdadero ayuno conduce a Dios. Es cierta-mente, un medio religioso muy antiguo de ejercitación, que utilizaban tam-bién los hebreos en el Antiguo Testamento, como medio de purificación y expiación para aplacar la ira de Dios, por sus pecados serios y sus faltas o in conductas. El ayuno fue practicado también por nuestro Señor, quien se reti-ró al desierto por cuarenta días continuos antes de comenzar Su actuación pública en el mundo. El verdadero ayuno es ejercicio espiritual. Es por eso que no hace falta publicidad y demostración. En ese caso pierde su sentido y su valor. El ver-dadero ayuno es entrega a la voluntad de Dios. Y naturalmente el verdadero ayuno no es tan sólo la sustitución de un régimen alimenticio sino la dismi-nución de la cantidad de los alimentos y la observancia de una postura inte-gradora de nuestro comportamiento espiritual, en nuestro rumbo. Nuestra Iglesia nos señala hoy, mis queridos hermanos, el camino de salvación. Es la lucha espiritual que emprendemos especialmente en el pe-ríodo de la Gran Cuaresma, para domesticar y para aniquilar nuestro egoís-mo. Con el ayuno correcto, nos conduciremos a la contrición y al arrepenti-miento que al final nos concederá como un regalo, como un don, Dios muy bondadoso y misericordioso.